Gracias por tu aliento, poeta.

La primera poesía que aprendí fue Los zapaticos de rosa, de nuestro José Martí, no recuerdo bien si había cumplido los 4 años. Pero ya para entonces mi abuela decía que yo sería artista. También escribía mis textos y mis poemas que prefería no compartir.

Así crecí, entre poesías que aprendía con facilidad y las recitaba en las mañanas siempre frente al busto de Martí en la escuelita rural Remigio Riverón, de mi natal Jagual. Todavía recuerdo la sonrisa orgullosa de mi maestro Onésimo Ramos. Él también me sentía artista.

Ya en aquella época un amigo de mi abuelo me había vaticinado que sería periodista. Lo logré, pero todavía en las noches (cuando llego temprano a casa) mi hija y yo declamamos versos de Martí o del Indio Naborí, aquellos que aprendí desde niña y que me llevaron a conocer a Ismaelillo y a Nemesia. Esos son mis favoritos.

Hoy me siento todavía artista y periodista, son profesiones que se parecen mucho. Bueno, algunos no las sienten profesiones, a otros no les parecen tener similitudes, pero lo cierto es que hoy cuando amanecí con la felicitación de mis vecinos y amigos por celebrarse el Día de los Trabajadores de la Cultura sentí cuánto me falta para homenajear de verdad al poeta de la Generación del Centenari: Raúl Gómez García. Te debo mucho Raúl, pero gracias por tu aliento.

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