Los derechos humanos de una campesina camagüeyana.

Mi mayor derecho humano es haber nacido entre mis palmas. Sin ellas no habría sido nunca feliz. Ese batir suave y majestuoso, la curva de sus hojas señoreando al sol desde donde podemos admirarlo y sus colores  verdes y argentado emparentan mi corazón con la ternura.


Nacer entre mis palmas fue la garantía de caminar sin miedos por mis campos, de aprender cálculos y ortografía con excelentes maestros, de reír con mis compañeros de clase y de trabajo, de abrir mi familia campesina y hacerla crecer con obreros y artistas.

Mi derecho humano a soñar con un título universitario, o tal vez más, mi derecho a vestir y a procrear, mis anhelos de crecer descubren hoy la garantía de mi empeño. Ahora se me antoja que estoy plena de derechos y nadie puede dudarlo. Puedo incluso, si alguien lo decide, presentarlos en orden simétrico y fidedigno.

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