El guateque de Telé.

“El cuarto de Tula cogió candela se quedo dormida y no apagó la vela”.

El viejo Telé entona todavía esta canción en mis oídos, puedo verlo con su guayabera de mangas largas, animando a los muchachos de su grupo, sí, porque él era la voz segunda y el director del “Conjunto de los Telé”, formado por varios de sus diez hijos, y al que a veces se sumaba algún que otro sobrino.

Es verdad que nunca actuaron en grandes plazas ni grabaron disco alguno, pero nadie les ganaba en eso de animar las fiestas familiares, los cumpleaños de toda la zona y especialmente, no había 31 de diciembre que se resistiera al encanto de aquellos guajiros.

Desde que abrí los ojos sentí muchas noches la fiesta cercana, el tres y la tumbadora vibraban en sus manos como en las de nadie, porque siempre tenía un motivo para celebrar desde 1959, cuando la Ley de Reforma Agraria promulgada por la Revolución Cubana le alegró la vida a Teleforo Acosta y a su familia.

Había llegado a los campos camagüeyanos desde Los Arabos en Matanzas, a inicios de la década del 30. La dictadura de Gerardo Machado después de haberle hecho tomar unas cuantas botellas de palma cristi lo obligó a buscar las colonias de caña que le sirvieron de refugio y de inspiración para forjarse una nueva lucha.

Piedad Nápoles no tenía dinero, pero sus padres le habían enseñado muy bien a lavar, planchar y a hacer unos dulces exquisitos con frutas, guarapo de caña y miel de abejas. Lavando sus guayaberas conoció al hombre que todavía ama desde el poblado de Lugareño donde vive ahora. Telé “la tumbó con su musiquita”, como solía contar orgulloso en noches de jolgorios.

También en esos días de guateque, nos narraba a los niños las historias de valor de nuestros soldados rebeldes porque él fue un magnífico enfermero de las tropas del Capitán José Botello. En su casa inventaba guateques que le permitían cocinar en grandes cantidades para llevarles a los revolucionarios que operaban en la zona de El Salvial, Montegrande y Camalote.

En aquellas improvisadas fiestas en medio de la guerra, la Guardia Rural del dictador Fulgencio Batista no entendía bien los motivos de la alegría de los vecinos. Y era que en cada canción entonada por el Conjunto de los Telé, estaba la esperanza de Tula, de Aurora, de María, de los carreteros y de tantos guajiros camagüeyanos.

Teleforo murió con 86 años cuando se estaba acabando el siglo XX pero dejó huellas imborrables en el corazón de todos los que le conocimos, especialmente aquellos que seguimos sus historias en los festejos de Año Nuevo después del Triunfo de la Revolución el Primero de Enero de 1959 y cantamos, alrededor del puerco asado en la tradicional púa, temas antológicos del campesinado cubano.

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